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¿Habéis tenido alguna vez una historia totalmente "de película"? Vamos, que ni tú misma te la crees y que, si hubiera salido bien (que no es mi caso, claro) sería una preciosa forma de empezar una historia de amor... Yo tengo una, y de vez en cuando vuelve a mi mente, así, de repente, sin ninguna razón en particular, y siempre, siempre, me deja con una sonrisa en la boca... Es la primera vez que la cuento entera, espero acordarme de todo más o menos. Allá va.

No recuerdo todos los detalles, hace muchísimo tiempo, ¿cuánto? ni yo misma lo sé, pero yo estaba en la universidad y debían de ser los primeros años de la misma, o primero o segundo de carrera, o sea, yo tendría 19 o 20 años.
Un viernes una compañera de carrera y yo decidimos salir por ahí de marcha, así que quedamos por la noche y nos fuimos las dos de copas. Llegamos a un bar, en el que yo no había estado nunca y al que mi amiga se emperró en ir porque allí iban conocidos suyos, ya no recuerdo ni dónde estaba ni cómo se llamaba. Y de repente le vi. Un chico alto, guapo, moreno de piel y de pelo, en el que era imposible no fijarme, era exactamente mi tipo.
De lo que más me acuerdo es que llevaba puesta una chaqueta de cuero roja y negra chulísima que me llamó la atención y de que al mismo tiempo que yo le miraba de reojo, notaba que él también me miraba a mí y yo me iba poniendo cada vez más nerviosa. Y entonces se acerca y saluda a mi amiga y claro, yo ahí al lado, sonriendo con cara de boba.
Mi amiga me lo presenta, Alfonso. "Bonito nombre" pienso. Nos acercamos a la barra a pedir y empezamos a hablar, no sé de qué, no me acuerdo, sólo recuerdo los nervios... de verdad me gustaba ese tío, y eso que no lo conocía de nada. La noche transcurría y allí estábamos nosotros dos, todo el rato hablando, bailando y tomando copas, hasta que mi amiga dijo que nos íbamos a otro sitio, y salimos del bar, él vino con nosotras, además de algunos amigos y amigas de mi compañera de universidad.
Empezamos a andar y de pronto estábamos solos, yo no sabía dónde estaba el resto del grupo y a decir verdad, me importaba más bien poco. Era tarde, de madrugada, y estábamos caminando por una avenida de mi ciudad, completamente solos. En ese momento hablábamos de cine, él era muy cinéfilo y yo también (y lo sigo siendo) y estábamos comentando que deberíamos quedar para ir al cine y ver pelis raras, de esas que nadie quiere ver porque no les suenan de nada y que nosotros estaríamos encantados de poder ver. Me contaba que su director favorito era Woody Allen, y yo le respondía que no había visto muchas películas de él, sólo unas pocas, pero que me parecía realmente interesante.
Entonces me dice: "Mi película favorita de Woody Allen es "Annie Hall", y yo respondo: "No la he visto..." Y él dice: "Vale, pues hacemos una cosa. Te cuento una escena de la peli, que es la que más me gusta, y si te parece bien lo que oyes, la interpretamos". Yo con cara de boba y mirándole fijamente: "Vale".
Diane y Woody en "Annie Hall"
Empieza a contarme la escena: "Pues el personaje de Woody Allen y el de Diane Keaton van andando por la calle y están hablando. Se están conociendo, se gustan y han quedado para cenar. Bueno, pues están hablando y él la interrumpe y le dice: Para, para... dame un beso." Yo pienso: "¿Cómo?" mientras él continúa contándome: "Y ella le dice: ¿qué? ¿ahora?, y Woody le contesta: Sí, ahora. Mira, después de cenar iremos a casa, y entonces surgirá el tema y como es la primera vez, estaremos tensos y pasaremos un mal rato. Si me das un beso ahora acabaremos con toda la tensión, dejamos el tema cerrado y nos vamos a cenar, seguro que así cenamos más a gusto." Y yo pienso: "¿Esto significa que quiere que nos besemos?". Y entonces pregunto: "¿Y ella le besa?" Y me contesta: "Claro. ¿Tú qué dices?", y yo: "Claro".
Fue ahí cuando me miró fíjamente, me cogió de los hombros y repitió el discurso de Woody Allen en "Annie Hall", yo hice el papel de Diane Keaton y fue uno de los besos más fantásticos de mi vida.
"La escena del beso de "Annie Hall"
Depués de eso nos fuimos a una calle más tranquila, y seguimos hablando y besándonos, yo estaba como en una nube, creo que no pude ser yo misma en toda la noche, me tenía hechizada. Recuerdo que me preguntó cuál era mi película de amor favorita. Yo me quedé en blanco, no se me ocurría que decir. Y él me dijo que la suya era Drácula. Y es que la mía también es Drácula, antes y ahora... fue mágico. Me dió su número, me dijo que le llamara para ir al cine, nos despedimos con más besos y yo me fui.
No le llamé, no sé por qué, cosas que haces cuando tienes 19 años, que precisamente son de la sque luego más te arrepientes. Supongo que me daba vergüenza, supongo que pensé que ya no querría quedar conmigo... y al cabo de bastantes meses y de obsesionarme un poco por mi estúpida actitud, decidí llamarle. Cuando contestó me dio un vuelco el corazón, le pregunté si se acordaba de mí, me dijo que por supuesto, le dije que sentía no haberle llamado antes, pero que lo había pensado y que si le apetecía ir al cine. Él me dijo que no podía, porque esa semana ya tenía planes con su "novia", así que me despedí, colgué y me lamenté por haber sido tan tonta y no haberle llamado antes. Nunca más le he vuelto a ver, de hecho, no sé si me acordaría de él.
El caso es que depués de aquella noche cada vez que alguien me pregunta cuál es mi película favorita, la respuesta aparece clarísimamente en mi mente: Drácula. Por supuesto, he visto "Annie Hall" muchísimas veces y cada vez que la veo, me acuerdo de Alfonso, mi chico "de película".
Últimamente tengo la constante sensación de que no encajo... Sí, imagináos un puzzle... uno muy grande, y cada pieza representa algo de vuestra vida: los estudios, el amor, la familia... o incluso piezas mucho más pequeñas, lo que voy a cenar hoy, la última película que he visto, mi padre, mis pantalones vaqueros favoritos... ¿Lo podéis ver? Bien, pues imaginad una pieza que destaca, de color fucsia o rojo intenso, que os falta por colocar y que no hay forma de encajar en ningún sitio... algo le pasa a la pieza. La intentas poner en un sitio del puzzle y encaja con la de la derecha y la de arriba, pero con la de la izquiera y la de abajo. Vuelves a probar en otro sitio del puzzle, y ahora resulta que sí, que queda clavadita con la pieza de abajo, pero hoy forma que case con el resto de lados... Pues esa pieza soy yo.
A veces pienso que estoy desubicada, luego tengo una perfecta noche de sueño y me levanto pensando que todo son tonterías, imaginaciones mías, pero pasa el día y vuelvo a sentir esa sensación, esa certeza que me dice que el mundo se mueve en una dirección y que yo voy en otra.
Si habláramos de caminos o carreteras, yo veo una muy grande por donde va la vida, todos por ahí andando, unos en moto y otros en Mercedes, unos andando y otros en bicicleta, pero por ahí moviéndose...
De repente yo empiezo a salirme de la carretera, me veo andando fuera de ella, por una carretera paralela pero que poco a poco va separándose... y de repente veo un desvío, un camino que hace un giro de 180 grados y va en la dirección contraria... y me muero por tirar por ahí, pero me acojono y sigo en mi pequeña carretera. Pasan los metros y aparece otro camino, uno que vuelve a la carretera principal, además justo en la entrada hay un tío vendiendo cañas, con lo me gustan a mí las cañas... y quiero ir por ahí, realmente me apetece una cerveza, y me dirijo hacía el tío que las vende y le pido una, y cuando voy a seguir andando, algo me dice que por ahí no puedo ir, y vuelvo a mi carretera, y sigo andando (porque yo voy andando...).
Los desvíos aparecen y desaparecen frente a mí, unos me ofrecen unas cosas y otros otras, cojo lo que puedo, una caña, un nuevo CD, lo que me van dando, pero nunca me decido ni por uno ni por otro. Y sigo andando, por mi camino, en el que estoy sola, el que no encaja, el que veo alejarse cada vez más de la carretera principal. Eso sí, llevo mi nuevo ipod y ahora está sonando esta canción, y curiosamente es exactamente cómo me siento...



I'm waiting for my moment to come
I'm waiting for the movie to begin
I'm waiting for a revelation
I'm waiting for someone to count me in

cos now I only see my dreams in everything I touch
feel their cold hands on everything that I love
cold like some magnificant skyline
out of my reach but always in my eyeline now

We're tumbling down
we're spiralling
tied up to the ground
we're spiralling

I fashioned you from jewels and stone
I made you in the image of myself
I gave you everything you wanted
so you would never know anything else

but everytime I reach for you you slip through my fingers
into cold sunlight laughing at the things
that I had planned the map of my world gets
smaller as I sit here pulling at the loose threads now

We're tumbling down
we're spiralling
tied up to the ground
we're spiralling

Did you wanna be a winner?
Did you wanna be an icon?
Did you wanna be famous?
Did you wanna be the president?
Did you wanna start a war?
Did you wanna have a family?
Did you wanna be in love?
Did you wanna be in love?

When we fall in love
we're just falling
in love with ourselves
we're spiralling
we're tumbling down
we're spiralling
tied up to the ground
we're spiralling
Hola a todos... vuelvo a mi periplo bloguero con algo muy fácil: un relato. Lo escribí hace un montón de años para un foro en el participaba y me ha apetecido compartirlo con vosotros (si es que todavía queda alguien que se pasa por aquí de vez en cuando). Ahí va....

TAL VEZ FUE EL DESTINO

Arturo no podía creerse lo que le estaba sucediendo. Eso sólo pasaba en las películas de ciencia ficción, no en la vida real. Pero estaba pasando, joder, claro que estaba pasando. Intentó aclarar sus ideas y averiguar por qué había retrocedido en el tiempo. Pensó en las películas que había visto sobre el tema, “Regreso al futuro”, “La máquina del tiempo”... y le vino a la mente que los personajes de esas películas sabían que iban a viajar en el tiempo, él no.

Él se había despertado y de repente estaba en el pasado. “Qué cosa más extraña”, no paraba de repetirse una y otra vez, aquello era extrañísimo. Se dio cuenta de que tanto pensar en el porqué de esa situación y no hacer nada para remediarla no le iba a llevar a ningún sitio. Se levantó decidido de la cama y se dijo a sí mismo que si esto estaba ocurriendo, tenía que ser por alguna razón. Giró el pomo de la puerta y la abrió dispuesto a enfrentarse a lo que le esperaba con toda la valentía que fuera capaz de reunir.

Arturo era muy observador, así que no tardó en darse cuenta de que estaba en un hotel o algo parecido y que su habitación era la número 28. “Vaya” – pensó – “como mi edad, así será más fácil recordar el número”. No tenía la llave, pero supuso que podría pedirla en recepción en el caso de que quisiera volver allí. Bajó las escaleras deprisa y salió a la calle por la puerta principal de lo que efectivamente era un hotel. Nada más pisar la cera se dio cuenta de que no sabía dónde estaba, ni qué hora era y, lo más importante, en qué año se había despertado.

Mientras esos pensamientos se le pasaban por la cabeza vio que en el suelo, muy cerca de sus pies, había un papel tirado que parecía ser un periódico. Lo recogió y miró la fecha en la portada. Tras un rápido cálculo se dio cuenta de que había retrocedido en el tiempo exactamente 72 años. Delante suya se levantaba un edificio que tenía un reloj en la fachada y, de pronto, empezó a resultarle muy familiar. Tras un rápido vistazo al lugar empezó a sentirse más tranquilo, había fotografiado el ayuntamiento mil veces. “Genial” – pensó – “ahora ya sé en que año estoy, que son las cinco de la tarde y que estoy en mi ciudad”.

Arturo se echó un rápido vistazo a sí mismo y se dio cuenta de que sus ropas no desentonaban comparándolas con las de la gente lo que le produjo un gran alivio, ahora no estaba para aguantar miradas de curiosos ni contestar preguntas embarazosas. Llevaba bastante tiempo allí parado mirando la calle y el periódico así que decidió cruzar la avenida para adentrarse en lo que parecía un parque público. Allí podría caminar pasando desapercibido y planear su próximo movimiento.

Mientras caminaba, pensaba de nuevo en la razón que lo había traído al pasado. Pensaba que era feliz con su trabajo, era el fotógrafo de un pequeño periódico local, sus padres aún vivían y mantenía una buena relación con ellos. Vale, no había encontrado el amor aún, pero no perdía la esperanza. Creía firmemente en que el destino le llevaría a encontrarla y que, cuando la viera, sabría inmediatamente que ella era para él. Arturo era un idealista, algo raro en los tiempos que corren, pero ¡¡qué carajo¡¡¡ a él le gustaba sentirse algo diferente.

Absorto estaba en sus pensamientos cuando un sobre cayó de repente delante de sus pies. Levantó la vista pensando que se le acababa de caer a alguien y vio a una muchacha que caminaba en sentido contrario al suyo. Recogió el sobre y no pudo resistirse a mirar el remitente donde aparecía el nombre y la dirección de una mujer.

- ¡Oye perdona! – exclamó mientras se acercaba y ella giraba la cabeza – Creo que se te ha caído esto, ¿es tuyo?

- Pues... – cara de duda de ella – vaya, sí, es mío – respondió mientras se cruzaban sus miradas y el tiempo parecía detenido – muchas gracias... – su mano temblaba mientras agarraba el sobre y de repente... – ayyy, que torpe, lo siento – el helado de chocolate que sostenía con la otra mano se cayó encima de él.

- Nada, nada... – se limpió él, extendiendo más la mancha sobre su camisa – casi no se nota – risas suyas, seguidas por las de ella – soy Arturo.

- Carla – sus manos se estrecharon y el tiempo volvió a detenerse durante un segundo – encantada, aunque temo que tú no tanto... – nuevas risas – toma, límpiate con esto – él tomó el pañuelo que le ofrecía e hizo lo que pudo con la mancha. Ella sintió cómo el rubor se apoderaba de su rostro.

- Tranquila, son cosas que pasan – le respondió mientras subía la cabeza de nuevo y guardaba el pañuelo en el bolsillo - ¿ves?, como nuevo, lo siento por tu helado, tenía muy buena pinta – sonrisa franca de él.

- Sí, ¿verdad? – preguntó, mientras le devolvía la sonrisa – lo menos que puedo hacer es invitarte a uno después de la que he montado – su rostro reflejaba cierta incertidumbre mientras le miraba – no puedes decir que no.

- No lo haré – fue su respuesta mientras volvían a cruzarse sus miradas y el tiempo seguía con sus juegos... – te sigo.

Arturo casi olvidó lo que le había ocurrido esa misma mañana. Pasó el resto de la tarde con Carla, como si la conociera de toda la vida. Tomaron un helado en el parque, pasearon, rieron, bromearon... pero, más que otra cosa, hablaron. Ella le contó que su sueño era ser periodista para poder contarle al mundo todo lo que pasaba. Él le confesó que su fruta favorita eran los melocotones, aparte de por su dulce sabor, por el olor que desprendían cuando estaban maduros. Ella le dijo entre risas que odiaba el color rosa y él le susurró que lo que más le asustaba era la soledad. Y así pasó el tiempo volando, el mismo tiempo que había estado haciendo de las suyas todo el día.

Juntos doblaron la esquina que llevaba a la casa de Carla. Era ya de noche y Arturo comenzaba a despertarse del sueño que había vivido durante la tarde. Un pensamiento fugaz recorrió su cabeza: “¿habrá sido por esto lo del tiempo?”. Carla se había parado de repente y lo observaba. Él no sabía qué hacer. Ella se acercó a sus labios y ya no hubo más tiempo para pensar.

Aquel beso fue como una lluvia fresca que te sorprende en una tarde calurosa de verano. Te pilla tan desprevenido pero sienta tan bien, que lo único que se te ocurre es levantar la cara, abrir la boca y dejarla entrar; sentirla correr, húmeda y fresca, probarla, desearla, captar todos sus aromas, disfrutar con su sonido y, por fin, dejarte llevar...

- Sabes a melocotón... – le susurró al oído antes de marcharse hacia su casa. Él sólo pudo sonreír antes de empezar a echarla de menos.

Se quedó allí parado durante un rato antes de decidir volver al hotel. Le temblaban las piernas, y toda la valentía de la que había hecho gala durante la tarde le estaba pasando factura, estaba asustado y desconcertado. Subió a su habitación, la número 28, y se quitó la camisa manchada de helado y los zapatos. Se quedó tendido en la cama con los pantalones puestos, estaba demasiado cansado para pensar qué estaba pasando así que cerró los ojos y se durmió.

Un sonido estridente y conocido le despertó a la mañana siguiente: la alarma de su reloj. Alargó la mano y paró el despertador como hacía cada día, pero aquella vez algo era diferente. Le costó un poco tomar conciencia de lo que estaba sucediendo pero en seguida recordó a Carla y a su beso. Se levantó de un salto y comenzó a recorrer la habitación cerciorándose de que realmente estaba allí. Todas las imágenes del día anterior volvían a su cabeza como si se tratara de fotogramas de una película pasados a altísima velocidad: el periódico, el ayuntamiento, la carta, el helado, Carla.

Miró el reloj y comprobó la fecha. Correcto, estaba en el presente. Un momento, ¿realmente ocurrió?¿no habría sido un sueño? ¡Pip, pip¡, sonó el reloj. “Joder, llego tarde al trabajo”, se dijo, y sacó una camisa limpia, se calzó, se lavó la cara y salió corriendo de su casa.

Mientras conducía no dejaba de pensar en su “sueño” y una idea le vino a la mente: conocía el nombre completo de Carla y su dirección, se acordaba perfectamente del sobre con el remitente. También sabía el año al que se había trasladado en su viaje en el tiempo, podía buscarla en la base de datos del periódico, tal vez encontrara algo sobre ella, tal vez no había sido todo un sueño. Una sonrisa se apoderó de su rostro en esos instantes.

Introdujo los datos de los que disponía en el ordenador del trabajo y un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando pulsó la tecla “enter”. Efectivamente, allí estaba Carla. Leyó toda la información lo más rápido que pudo: murió a los 80 años, fue una de las primeras mujeres dedicadas al periodismo, fue cronista en la guerra civil y en las que le siguieron, escribió varios libros, se casó y tuvo hijos. Arturo se apoyó en el respaldo de la silla, suspiró y pensó que al final ella había conseguido su sueño.

Salió del despacho pasados unos minutos y se vio rodeado de la típica vorágine que acompaña a la redacción de un periódico, por pequeño que sea. Aún no podía creer que ella hubiera existido, no estaba seguro de si todo aquello lo había soñado, quizás había leído su nombre en alguna parte en el periódico y la había personificado en su sueño. Pero todo parecía muy real. La voz de uno de sus compañeros le sacó de su ensimismamiento:

- Arturo macho, que mala cara traes. Llegas tarde otra vez, si te pilla el jefe la vas a liar tío. Anda y tráeme las fotos que hiciste ayer en la rueda de prensa del alcalde y mueve el culo, que estás zombi.

Arturo se dirigía al archivo para recoger las fotos cuando un papel aterrizó en sus pies. Se paró en seco y recogió del suelo lo que parecía ser un carné de identidad. Mientras lo observaba, sintió que aquello ya le había ocurrido hacía poco y se giró en busca de la dueña, ya que se trataba de una mujer.

- ¡Oye perdona! – dijo mientras ambos se giraban – Creo que se te ha caído esto, ¿es tuyo? – le tembló la voz al notar el enorme parecido con Carla.

- Pues... – cara de duda de ella – vaya, sí, es mío – se cruzaron sus miradas y el tiempo parecía detenido – muchas gracias... – extendió su mano para recoger lo que él le entregaba – Tengo que llevarle esta documentación al director, acabo de aterrizar y ya voy perdiéndolo todo – sonrisa de ella y asombro de él - ¿te conozco? Tu cara me resulta familiar... ¡Dios mío! – exclamó mientras giraba la cabeza - ¿es que aquí no para de sonar el teléfono?, qué locura – risas de ambos – Mara, encantada de que me devuelvas mi carné.

- Soy Arturo – dijo él mientras de nuevo se cruzaban sus miradas y el tiempo volvía a jugar sus cartas –, tu fotógrafo.

Mara y Arturo se conocieron, trabajaron, pasearon, rieron, hablaron y se besaron, y Arturo volvió a sentir el sabor de la lluvia fresca en su boca. Mara le habló de la admiración que sentía por su bisabuela Carla y que siempre quiso seguir sus pasos, por esa razón se hizo periodista y se conocieron. Mara apenas tenía 6 o 7 años cuando ella murió, pero su abuelo Arturo, hijo de Carla, siempre le hablaba horas y horas sobre la vida que su bisabuela tuvo. Arturo supo así que ella tampoco le había olvidado. El llamar a su hijo como él le volvió a confirmar, por si sus pruebas no eran suficientes, que aquello había sido algo más que un sueño.

Él jamás le contó nada a Mara de todo lo que pasó, excepto una vez que ella le preguntó por el pañuelo que tenía guardado en su mesilla de noche y que tanto le gustaba tocar. “Me lo regaló tu bisabuela cuando me dijo cómo encontrarte”, le respondió. Ella le miró fijamente, sonrió y le besó. “Sabes a melocotón”, le dijo. Esa noche hicieron el amor hasta que se durmieron abrazados al llegar al alba.
Pues sí, es la mejor. Su madre era medio gallega y medio cubana y trabajó toda su vida para sacar adelante a sus tres hijas. La historia de mi bisabuela fue un culebrón que no me resisto a contar aquí, así, a groso modo, porque da para una novela de García Márquez fijo: su padre era un comerciante gallego, que viajaba mucho a Cuba por negocios. En uno de los viajes, dejó embarazada a una cubana y se volvió a ir. Una de las veces que volvió, se encontró a su hija, que tendría unos dos o tres años, y se la quitó a su madre y se la trajo a España. La dejó con sus hermanas, a las que yo me imagino siempre como a las hermanas de la Cenicienta, porque eran malas malísimas y la trataban fatal porque era bastarda. Su padre, harto de verla siempre hecha un trapo y para que no la trataran mal, la mandó a una casa de ricos a Alicante a servir, y allí conoció a un chico y se casó. La familia de éste también renegó de ella, por lo de bastarda, pero él la quería más a ella y tiraron para alante. Tuvieron tres hijas, y cuando la última nació, él se murió, dejándola ella con las tres niñas y sin un duro. Esa es la historia de mi bisabuela Balbina, ¿da para un culebrón o qué?
En fin, a lo que iba. Mi abuela es la mejor. Ella es la pequeña de las hijas de mi bisabuela, así que nunca llegó a conocer a su padre. De pequeña, como su madre tenía que trabajar, la metieron en un colegio de monjas, todavía me cuenta historias de cómo le hacían comerse los tomates, que a ella no le gustaban: se los ponían para comer, ella los dejaba, se los ponían para cenar, ella los dejaba, y así sucesivamente hasta que se los comía y luego los vomitaba.
Cuando yo nací fui la primera nieta y mi madre, además, tenía una peluquería montada en casa de mi abuela con lo que me pasaba el día allí. Me quedé a dormir hasta que tuve unos cuatro o cinco años, y porque mi madre tuvo a mi hermanita y ella lloraba si yo me quedaba con mi abuela, así que mis padres me llevaban a casa con ellos. La mayor parte de mi vida la he pasado con ella, tenía el colegio al lado, todas las santas tardes mi madre nos llevaba a casa de mi abuela, pero todas, y pasabamos allí la tarde, con ella y con mis tías.
Yo me acuerdo de cuando mi abuela trabajaba, limpiando claro, y a veces me llevaba con ella a la oficina (la dueña se llamaba Cristina, fíjate de qué cosas se acuerda una). Para mi abuela, la familia es lo más importante, nos quiere a rabiar y procura darnos todo lo que puede. Es una mujer trabajadora, cariñosa, un apoyo fundamental para mi madre y una de las personas que yo más quiero.
Me encanta preguntarle cosas de cuando era pequeña, me habla de mi bisabuela, de la época de la postguerra, de las sirenas, los trozos de pan que se encontraba por la calle y se los comía porque estaban muertos de hambre, de cuando vivían en el campo, sin luz, sin aseo y casi sin agua...
Mi abuela es la mejor, y porque fue su cumpleaños el día 31 de Junio (74 años muy, pero que muy bien llevaos) y porque ella se lo merece, le dedico esta entrada en mi blog. Te quiero llalla, muchas felicidades y que cumplas mil millones más.

Aquí está mi llalla Mercedes
Pueden ser buenas o malas (no nos engañemos, la mayoría son malas) pero son eso, pequeños golpes que te da vida de vez en cuando y que te atan a la realidad, para que si alguna vez te pasas soñando, no le llegues a caer de la cama…

Cuando te vas a poner tu camiseta favorita y te das cuenta de que ya no te viene, normalmente te aprieta de pecho o te queda corta… y también te pasa con tus pantalones favoritos, o con el bikini del año pasado que te molaba tanto ponerte.

Cuando un día te das cuenta de que lo de “mejor amigo y mejor amiga” sólo se mantiene en Dawson Crece… el “mejor amigo/a” pasa a ser “uno de mis mejores amigos/as”; tener una relación súper especial con alguien se convierte en algo muy complicado, en algo del pasado, porque tener mejores amigos cuando se dispone de mucho tiempo es muy fácil. La gente hace sus vidas y me gusta pensar (y en muchos casos lo sé) que el cariño y la amistad siguen ahí, pero se les ve mucho menos que antes…

Cuando te cortas mogollón el pelo y ese amigo o ese chico que tú piensas que se fija normalmente en ti ni siquiera se dan cuenta.

Cuando de repente te entran unas ganas locas de ir al cine a ver una determinada película, y coges el móvil y vas a marcar un número, el de la persona que tienes en la cabeza que quieres que te acompañe en ese momento y a esa película, y cuando vas a marcar, te das cuenta de que está trabajando en el norte de España, de que está en clase de inglés o de que estará preparando la cena para su familia y seguro que no va a poder. ¿Solución? Te la bajas y ya la verás cuando esté (y si eso, te pones una peli ñoña, que seguro que la disfrutas.

Cuando un día por fin te das cuenta de todo lo que tus padres han hecho por ti, y a pesar de peleas, de diferencias de opinión y de errores que hayan podido cometer, los quieres más que nunca.

Cuando por fin puedes conocer a ese bebé que ha estado nueve meses en la tripa de tu amiga, de tu hermana, de tu compañera de trabajo… cuando le ves cara, le escuchas llorar y, si tienes suerte, lo coges. Esta va por mis primeros bebés, Manuel y Yago, con los que me emocioné en su día y que me siguen sorprendiendo a cada minuto que paso con ellos.

Cuando escuchas una canción que (mágicamente) te define completamente o cuenta cómo te sientes en ese momento concreto o parece que esté hablando de tu relación de pareja o de tu relación con algún amigo, y de repente sientes que no estás sola…

Estas son algunas de las pinceladas de la vida que me ha apetecido contar hoy. Cualquier día me apetecerá contar otras, o las veré de forma diferente, no sé. Pero hoy, mis brochadas son éstas.
Como alguno de mis afamados lectores lo ha pedido, os dejo unas fotos de mi nuevo look. Como veréis, no es mucho cambio, básicamente afecta a la longitud, que me he cortado así como palmo y medio de pelo.
Con esta entratida aprovecho y actualizo y esas cosas, que hace mil que no pongo nada. El caso es que tengo ya muchas entradas pensadas, pero nunca me pongo. Perrería estival, supongo. Las iré dosificando y así me duran para más.
Por cierto, y para quien todavía no lo sepa, me robaron el teléfono móvil en hogueras, así que he perdido la agenda. Muchos ya me habéis dado vuestros números, pero supongo que no los tengo todos, así que ya sabéis, o bien al móvil (que ya tengo el nuevo, con el mismo número clarostá) o bien al e-mail, o bien a través del blog, me podéis pasar la info.
Y ahora las fotiquis: las dos están hechas en hogueras, en nuestra barraca. En la primera estamos Bea y yo y en la segunda Patri y yo. Supongo que los que leéis me conocéis en persona, pero por si acaso, soy la de verde.

Por fin se celebró la boda... Mi hermana Carol se casó con Alex el 21 de Abril, a las 18:30 horas, en el Ayuntamiento de Alicante. Fue súper bien. Al principio pensábamos que iba a llover, pero milagrosamente ni llovió ni nada, todo fue estupendo. Os hago una breve crónica y os dejo foticos, que es lo que más mola. Aquí mi cuñao a la entrada al Ayuntamiento con su mamá...
Iban los dos guapísimos (pasión de hermana???). Lo más fuerte fue que cuando llegamos al Ayuntamiento, había una manifestación que no veas, mogollón de peña allí con pancartas, fue la leche. Menos mal que cuando salieron ya se habían ido.
Ahora os dejo a mi hermana con mi padre cuando entraron en el Ayuntamiento...
Yo estaba por ahí toda nerviosa porque me tocaba hablar, sí sí, un mini-monólogo, con bromitas y todo incluídas, porque no quería que fuera muy pasteloso...
Os pongo otra foto del momento discurso...

Al principio estaba muy nerviosa, pero luego me tranquilicé, sobre todo al oír las risas y eso, las bromas estaban haciendo efecto. No os preocupéis, que está todo grabado, que tenían vídeo contratado, como si no fuera suficiente subir ahí y hablar delante de todo el mundo, encima lo graban para la posteridad... Me voy a sentir como en OT, cuando veían su actuación y hablaban de las cosas que habían hecho bien y las cosas que habían hecho mal... así para la próxima cometeré menos errores... ja,ja,ja....
Luego nos fuimos a hacerse unas fotitos los novios, un amigo de Álex conducía y yo iba con ellos, para ayudar a mi hermana con el traje y esas cosas. Así que llegamos al restaurante los últimos. Tomamos el cocktail fuera, precioso todo, sin llover (menos mal) y luego nos fuimos a la carpa a cenar. La cena fue muy bien, todo buenísimo, y la peña de juerga, gritando lo de que vivan los novios y esas cosas...
En esta foto estoy con mi ahijado, Alejandro, así podéis verme bien (iba mona, eh?)... Y después de cenar, cortaron la tarta, muy graciosos ellos. Luego llegó el momento de repartir cosas. Yo sabía que le iban a dar a Irene (la novia de un primo de Álex que es como si fuera su hermano) la liga, y un par de ramos de flores, uno a mi madre y otro a la madre de Álex... Además, yo les había ayudado a elegir la música para esos momentos. Pero cuál fue mi sorpresa cuando empezó a sonar una canción de Shakira preciosa (Tú, se llama), y mi hermana y Álex vinieron hacia mi mesa y me dieron el ramo de novia... Ainss... qué de llorar... pero qué bonito, de verdad, me encantó.
Luego la fiesta, que fue súper guay. De 200 invitados, había como 100 menores de 35 años, así que la bodega estaba petada, parecía un pub del puerto. Hubo muy buen rollo, muchas copas, muchos bailes y mucha juerga, tanta que sobre las 4 de la mañana, que era cuando cerraban, el DJ no sabía cómo iba a echar a tanta gente... Aquí una foto con mi hermana y algunos de mis amigos que estaban invitados a la boda.
Luego nos fuimos al puerto los que quisimos (que fuimos bastantes) y estuvimos en el Ay Carmela hasta que nos tiraron, vamos, un subidón de fiesta.
Cuando nos tiraron dijimos de irnos a desayunar churros, pero el sitio donde quedamos estaba cerrado, así que mi cuñao y mi hermana (sí, mi cuñao se bajó el coche) nos llevaron a casa mi hermana pequeña y a mí.
Fue un día muy especial, nos lo pasamos súper bien, salió todo a pedir de boca y creo que nunca he visto a mi hermanita tan feliz... Ni a ella, ni a mis padres, ni a mis tíos, ni a mis abuelos, ni a los amigos... en fin, todo genial. El esfuerzo y el estrés de estos días ha merecido la pena. Y tengo mi ramo secándose en una habitación de casa, para recordarme lo feliz que me hicieron al regalármelo. Y para terminar como en la entrada de la despedida, os dejo una foto de las tres marías... ¿a que estamos guapas? Enhorabuena hermaniiiiii....
...la vamos a liar, la Carol se nos casa, la vamos a armar... Esta es una cancioncilla de despedidas, que nos inventamos mis amigas y yo cambiándole la letra a la canción de Dragones y Mazmorras cuando se casó la primera de ellas. Le cambiamos el nombre en el estribillo según se case y adaptamos el resto de la letra. Y esta vez le ha tocado a mi hermana Carol, que se casa la semana que viene y cuya "despe" celebramos el sábado pasado día 14 de Abril.
La verdad es que montamos un buen sarao, con complementos, regalos, risas y mucho cachondeo. Aquí una foto de la cena cuando repartimos las armas de la noche, que eran hinchables con forma de espadas, mazas, palos... en fin, la risa.
Llevábamos también una especie de peluchillos, que eran mariquitas, abejas, pescaditos...con un palito de alambre forrado de peluche, que nos pusimos donde pudimos, la mayoría de nosotras en la cabeza.
Cenamos a base de tapitas, toda la bebida que quisimos, y luego le repartimos los regalos haciendo una especie de juego en el que mi hermana tenía que leer unas tarjetitas que le daban pistas para adivinar quién tenía su regalo.
Luego pactamos el precio de las copas en un bar de la zona de marcha de Alicante y nos fuimos todas para allá, las 23 que íbamos, incluída mi madre, mis tías, la madre del novio... ale, a tropel.
Además empapelamos medio Alicante con cartelitos/montajes que le hize yo con el photoshop (una no es una experta, pero se defiende). Pusimos en el bar donde cenamos, en su casa y en el garito de copas. Os subiría alguno, pero los tengo en el trabajo, igual mañana edito y subo alguno.
El caso es que han sido unos meses muy intensos, que casi no me han dejado tiempo para nada, preparando la despedida y la boda (que es la semana que viene y en la que todavía me queda por preparar algunas cosillas). Unos meses de curro que se van a pasar en un tris, como la despedida del otro día. Pero merece la pena todo el curro si me acuerdo de la cara que ponía mi hermana el sábado en la despe... estaba súper contenta, no paraba de darme las gracias, y eso que sólo es la despedida, todavía nos queda la boda...
Me alegro mucho de que haya encontrado al amor de su vida con el que quiere compartir el resto de su vida. Ahora, os digo una cosa, menos mal que ya se acaba todo este follón, porque me estaba empezando a fallar el cerebro... Espero que las amigas que me quedan solteras tarden unos añitos en casarse porque ya estoy falta de ideas. Eso sí, los hinchables fueron cojonudos, se me quitó el estrés acumulado pegando a todo el mundo que se ponía por delante, cada vez que paraba un tío a preguntarnos le gritábamos que se desnudara... Una decía: mirad, el boys... y el resto ¡¡¡que se desnude, que se desnude!!! La próxima juerga, en la boda, aunque todavía me queda el trago de hablar en el Ayuntamiento y de evitar caerme con los tacones porque hay vídeo y ya me veo en la tele haciendo el ridículo, je,je,je... Ya os contaré si se me trabó la lengua, y para terminar, os dejo una foto de mis hermanas y yo en plena juerga (la que se casa es la del gorro, que la otra es muy pequeña todavía) ¡¡¡buena suerte tata!!!
Mi amiga Harmony, que está aquí ayudándome a crear este blog, me ha dicho que todo blog que se precie tiene que tener una entrada de "probando probando". Yo, que me fío mucho de ella y le pido consejo muchas veces, le estoy haciendo caso y aquí estoy, probando si esto va o qué...

Y para probar las fotos, os pongo una fotito de mi sofá nuevo, que me han traído hoy y que me encanta...